




Love is the answer.


Ayer a la noche terminé de leer otro libro sobre Floyd de los tantos que tengo y siempre que puedo me compro.
Estuve estos últimos 3 días escuchando solamente Floyd, no sé bien por qué, o quizás sí... todo cierra, todo siempre tiene un sentido aunque a veces no nos parezca.
Hoy me levante, fui a mi taller de Arte y volví, no sabaía nada hasta que un amigo me avisó por sms.
A mi el Cáncer se me llevó muchas personas queridas en mi vida, mi abuelo, mi tía, mi profesora de música que fue y es junto con mi madre el rol de mujer que sigo.
Richard Wright tenía 65 años, y fue uno de los músicos más importantes de esta Era, la mía. Me da honor y orgullo poder contarle a mis hijos que yo viví en los tiempos de artistas como él.
Pink Floyd se metió en mi vida cuando tenía 14 años, y nunca más se fue.
Hoy es un día muy triste para mí, para todos.
Pero también puedo decir con seguridad que alcanzó en 65 años lo que nadie en mil vidas, y como todo artista, es inmortal.
Yo no sé por qué, porque nunca lo tuve en frente, tampoco me importa ni me lo juzgo, pero lo voy a extrañar, uno crea lazos con el arte que son inexplicables, y esta bien que así sea. Algunas cosas, las más lindas de este mundo, muchas veces no tienen explicación.
Espero que se toquen una buena con Syd donde sea que estén, seguramente va a ser la greatest gig in the sky ever.
Gracias Rick.
Crecí mejor persona por haberte escuchado.
Nad.
No entiendo nada.
Estoy furiosa.
Se me escapan las chispas de los ojos y se me cierran solos los puños.
No puedo dejar de morderme la boca y simplemente no entiendo nada.
Uno se pasa la vida pensando que no sé, cosas, todo el tiempo y de repente te quedas a oscuras. Nadie te avisa, nadie te tira una señal, todo se apaga y te quedaste ciego.
Nadie puede entender la muerte y sé que es un tema recurrente en todo lo que escribo, en todo lo que digo, en las cosas que pienso, y en las que hago, pero no me da vergüenza vivir sintiendo que no entiendo, que le tengo miedo y que siempre me voy a romper la cabeza tratando de entender, aunque sepa que nunca voy a llegar a una idea fija.
Me encontré con una mala noticia. Me encontré con millones de recuerdos de amistades, de niñez de cosas que estaban sepultadas vaya a saber quién por qué.
Se destaparon todas, se me vino el mundo del pasado en la cara, en la geta, sin avisar.
Y no sé que decir. No sé que decirle, cómo hablarle, que puedo llegar a hacer “yo”, ser diminuto en el medio de toda esta marea de pensamientos que no tienen linealidad ni razón.
“El amor es lo más grande que tenemos” sí, y eso puedo darle con toda mi alma, con toda mi rabia y mi poco entendimiento, pero ¿cómo ayudar? ¿Cómo hacer?
No hay sentimiento más enfermo que sentirse impotente, que saber que no hay nada que puedas hacer para calmarle los demonios a alguien.
Yo no entiendo de dioses, ni de religiones, tampoco quiero entenderlas, no entiendo de fe, ni de cielos prometidos, mi mundo esta en la tierra, en los pecados en la gente que común y corriente vive todos los días como puede.
Y así quiero que sea.
No puedo hablar, no puedo decir cosas que no creo, no puedo usar palabras hechas que están vacías.
No me sale nada.
Solamente te quiero.
Y acá estoy, si sirve de algo.
Perdón por no haber sido una parte más fija y más certera en tu vida amiga, perdón por no haber estado, perdón por olvidarme que existías, perdón por todo, perdón por mí, por dejar nuestros 14 años en el olvido, amontonados entre el polvo de carpetas y canciones, perdón, perdón, perdón.
Ojalá algún día me perdones.
Te amo con cada pedacito de los recuerdos que entre las dos tejimos alguna vez.
The nervousness he wakes up turns any man into a baby.
You find yourself imagining crucial encounters, shakes of hands, questions asked but… what to ask him?
He who has answered so much and who has been asked so many.
There’s nothing you could ask or say that he hasn’t already heard.
It would be better to close the mouth you unconsciously opened, and burn the moment onto the back of your eyes.
I hurried myself, like a fresh new bride trying to get before her man, just to see him arrive with a smile on her face and say "I was here first darling". At least I’d be "first" than him once in my life.
After all, this was a date; like with everything regards him, it’s always personal.
You’re surrounded by thousands of people yet it’s only him and you, there’s no barrier, no nothing in between.
And it’s funny how my sit was so small I could barely fit in, I looked at the ones who were going to share this with me and said "only him could bring people together like this and make them don’t care about comfort", the four of us laughed.
It seemed like we were going to be together, really close.
I saw al kinds of reactions, the ones that spoke aloud on their globalized cell phones "yeah, it’s about to start m’friend, we’re all here", the ones that looked down, onto their own feet, like praying, and so concentrated that it appeared to be some Buddhist reunion. Those nervous ones, unable to sit down, always standing and bouncing to all sides. The ones that peeped all the time, always trying to see something on the stage before the rest, those are the ones that always confuse people by letting go some little screams and making everybody think he’s there; all the heads turning and no sign of the man.
I saw all reactions, smiles, silent whispers, laughter, hugs, kisses, hands shaken, friends reuniting, it was a communion of feelings, all of the feeling human have were there, and we were all swimming into some big human soup.
I opened up; ready to let everything he wanted to give in. I wanted to breathe all those things into myself so I would never forget how it felt.
The lights went down and the heart jumped.
There he was, the living man had poured himself outta my books, albums and outta my very own mind onto the Velez Sarsfield Stadium.
How had he done that?
He had always been just an image printed somewhere, I couldn’t really tell if he was real…
Like a little kid discovering some important truth, I realized he was real.
And then, so were all the things he had whispered into my ear so many late and dark nights. His words were more vivid and real than ever.
He was a prestidigitator, the best one I had ever seen. He could turn my feelings and I upside down with just a combination of words, with the symmetry of his lyrics and the blood always spilled all over them.
I felt small, and huge.
I felt ashamed and courageous.
And it happened, there I was right in front of him, he looked at me thru the blue of his eyes and grinned.
He wasn’t really looking at me, he wasn’t really there.
I managed to walk towards him and raised my hand; he looked up, not saying anything, looking right to my eyes.
I could see my own heart there, on a plate, still beating.
- Hello – I said.
He smiled.
- I don’t think there’s anything I can really say, or want to say. I don’t think anything I say is going to impact you like I was impacted by you, so I’m not going to say anything, I just want to grab your hand, look thru your eyes and silently make you realized how purely thanked I am – I said in one big breath.
So I did. I grabbed his hand, it was warm.
I put it onto my own palm and looked at it.
I thought of how many roads that hand had traveled and how many people it had touched how many lives it had changed.
He looked at my hand, he grabbed it and said:
- Your hand’s like mine, almost the same size.
- I have my father’s hands - I said.
- Then I must have known your mother… – he said in a funny tone.
I smiled thinking of what my dad would have to say about that.
- You have impacted me, just like you said I impacted you. We’re even now.
And he was gone.
Like a blurry memory of some childhood time where you can’t tell dreams from reality he had walked away.
Once more I was left speechless.
A succession of tunes and chords flew thru the air, you could feel them floating in and out of people.
And he made me a believer.
Music could change the world, even though if he didn’t believe it anymore, I saw it with my own eyes. People weren’t thinking about the differences but melting onto each other into one big crowd of hungry ears eager to believe.
Hoping to see beyond.
It gave me hope, maybe not everything is lost.
Maybe our generation can still be saved.
Maybe just telling our feelings, speaking about our pain out loud can make a difference, just like he did.
That was all he ever did, he talked, he told stories, he’s no legend, he’s just an honest man. Maybe that’s what we need, to get honest, firstly to ourselves.
And like he came, he was gone.
Nothing said, there was nothing to be said.
No goodbyes.
How could you depart from something that’s attached to you so much?
You can never say goodbye to something that never leaves.
And when thank you is not enough, just open your hand; you never know who might grab it on the other side.
I extend my hand to you once more Bob.

Es extraño.
Siempre dicen que las “modas vuelven”, que lo que se usó hace años se va a volver a usar en años venideros. Y eso me hace pensar en círculos, no tan perfectos, pero círculos al fin.
Lo que nadie dice, quizás por miedo o por vergüenza, es que las personas vuelven también, las personas, los recuerdos, los lugares, los olores, los colores, las sensaciones de risa y las ganas de querer volver. Porque en realidad las “modas” no son las que vuelven, nosotros volvemos a ellas.
Cuando yo tenía 9 años mis padres decidieron que no nos íbamos a ir de vacaciones a Montevideo en Febrero como todos los años, sino en Enero, y al parecer nada iba a cambiar, pero cambió todo.
La verdad tengo que ser honesta y decir que nunca fui popular en la Primaria, tenía a esa edad demasiados “conocidos” y ningún amigo de verdad, o por lo menos mi memoria lo bloqueo lo suficiente como para entender, ahora a mis 23, que no tenía amigos en la Escuela. Todos mis compañeros de la escuela estaban locos por "los comics porno" como les decíamos, en realidad eran los comics de "Punisher" y “Cazador” que eran puras puteadas. Mis amigas comentaban al día siguiente en la escuela quien se había "tranzado con lengua" a quien y como había sido el capítulo anterior de "Amigovios". Mis compañeritos de la escuela no entendían nada, después de todo siempre estuve al margen de todo en la primaria, fue en la secundaria donde aparentemente como era yo, era ser "cool", yo no lo sabía.
Esa fue la mejor parte, no haber tenido amigos en la Escuela, porque luego, como voy a contar, la carencia de amigos, hizo a los demás que conocí mucho más gigantes e inolvidables.
Cuando volví de las vacaciones, Febrero estaba lleno de calor, asfalto caliente y una sensación de letargo que me encontraba a mí casi todos los días tirada por algún rincón diferente del departamento.
Una tarde con mi amiga de la infancia, la única que tuve y no compartíamos Escuela, fuimos a pasear a su perra, Gala, un espécimen digno de monumento feminista (la perra representaba fervientemente todo lo que estamos orgullosas las hembras de esta tierra, siendo posesora de una personalidad increíblemente fuerte y protectora).
Hacía un tiempo que veníamos observando unos chicos que se juntaban con sus bicicletas en la misma plaza que frecuentábamos nosotras, eran a nuestros ojos de tan pocos veranos vividos, “rebeldes” y completamente fuera de la ley, y por eso nos encantaban. Eran esas barritas de barrio de las cuales uno soñaba con formar parte y que por alguna razón “adulta” el resto del mundo evitaba.
Nosotras éramos chicas, Florencia tenía 10 y yo 9, los chicos, la barrita tenía nombre y todo: “Spander’s”, eran más grandes, entre los 13 y 15 todos. Por supuesto para nosotras esta diferencia era abismal, y cuanto más abismal, más correcta parecía.
Ese fue el verano del 92’, y al parecer faltaban muchas cosas aquel verano, aparte de marihuana para fumar, como luego quedaría inmortalizado en alguna canción nacional. Fue un verano caluroso, y quizás por eso, o por alguna razón mágica e inexplicable, fue el verano en el que pude finalmente mandar a todos a la mierda: pasé a formar parte de la barrita de mi barrio. Y no es poca cosa; mi barrio, no era un barrio tradicional, donde las esquinas están repletas de árboles y la gente duerme la siesta. Vivir en el barrio central de una capital puede ser tanto vacío como altamente mortal para los sueños de cientos de chicos, si alguna vez pudiera dar un concejo a un padre o a una madre, les diría que no criaran a sus hijos en un barrio así, mata mucha de la neuronas y lastima la imaginación. Lo único que nos salvó a todos la vida fue la Plaza Libertad, el mismísimo epicentro de nuestra barrita, el cuartel general de los Spander’s, la caja donde metería luego, a lo largo de mi vida, miles de recuerdos, de miles de personas diferentes.
De repente, se nos habían acercado a charlar, y al otro día, ya nos sentábamos juntos, es necesario creo, recordarle a quien lee, que en el año 1992 la adolescencia (o pre-adolescencia en mi caso) no sabía de computadoras, ni boliches de trasnoche, tampoco de excesos, ni sexo casual. Sin embargo estaba repleta de música, los años 90’s fueron parte del resurgimiento del Rock and Roll, luego de la superficialidad de los 80’s y su vicio por esconder, en los 90’s los chicos no teníamos vergüenza de mostrar todo, aún así lo que nos faltaba, y mostrábamos orgullosamente por las calles todos nuestros defectos. Los jeans ya no importaban más o menos por su marca, y los rompíamos en pedazos, las remeras era mejor si estaban sucias y usar camisas de franela en pleno sol era todo un reto. No se trataba de mostrar ni esconder, sino de ser lo que se era sin agregados artificiales.
Nos unía el Rock.
Cada recuerdo posee su propio soundtrack y allí descansan muchas bandas de Rock, Guns and Roses, Metallica, Blind Melon, Nirvana, Soundgarden, Aerosmith, Peral Jam… los 90’s nos habían encontrado queriendo vivirlos, y eso hicimos.
Puedo arriesgarme a decir que éramos la epítome del Rock and Roll, no teníamos ley ni nos interesaba el orden de ningún tipo, la vida para nosotros pasaba por los ligeros y diarios encuentros con nosotros mismos, con las tardes de música y charlas en la que el mundo parecía resumirse a esa Plaza, y la noche nos encontraba queriendo no irnos de allí.
Algunas parejas se formaron entre nosotros, que duraban lo que duraba una canción y aún así nunca nadie se enemistó con nadie.
Todo parecía estar sostenido en ese letargo que el verano nos había dado, y aunque los meses habían pasado y aún los años, nosotros seguíamos viviendo bajo el sol de Febrero.
La mayoría de los recuerdos que tengo están hilvanados con alguna canción, y a cada cuál lo recuerdo más por su grupo preferido, Axl tenía el pelo largo y era re flaquito, era fanático de Metallica, y estuvo una tarde, literalmente veinte minutos mostrandome aquel CD negro en el que supuestamente había una serpiente, lo logré ver después de mucho tiempo. Florencia se convirtió en la fanática más grande de Nirvana que conocí en mi vida, a Matías lo recuerdo por sus risas, y Fernando tenía una mamá que creo era estrella porno, o siempre tuve esa fantasía no sé por qué. Juan Pablo y Francisco eran hermanos y vivían a la vuelta de casa, como todo el resto, eran más fanáticos del Rock Nacional, tenían hermanos más grandes que nosotros que a su vez habían sido la barrita del barrio que nos predecía a nosotros, parecía ser que cada generación había sido testigo y partícipe de una barrita en la Plaza Libertad.
A mi me gustaba Blind Melon.
¿Qué decir?
Me llenó de música la vida, tengo tantos recuerdos con canciones de Blind Melon en el ambiente que es terrible, me acuerdo de las horas, de los olores, de todo, y me acuerdo de lo amargo y lo triste también, me acuerdo del banco de la plaza donde nos enteramos que se habían muerto, para mi, Shannon, para Florencia Kurt; pero eso no importa ahora.
Blind Melon fue quizás la primera banda contemporánea, al menos para mí, que de chica ya escuchaba The Beatles o Led Zeppelin, que me impactó y me rompió la cabeza.
Cuando nos preguntabamos qué nos gustaba cuando yo tenía 12 años, yo decía "Blind Melon".
Pasaron años y en 1994 con 12 años y no me importaba ser una marginada del Sistema Educativo Primario, mis días pasaban queriendo apurarme para llegar a casa, dejar la mochila e irme a la Plaza. Era tan importante ver a mis amigos todos los días como ahora es querer recordarlos.
A medida que fuimos creciendo, fue triste la evolución misma del ser humano, de la cuál formábamos parte y de la cuál no queríamos entender nada tampoco. Algunos de los chicos se fueron mudando, pero nunca los reemplazábamos con nadie más.
Hay muchas cosas y recuerdos que me inundan y me llevan a un lugar incómodo, ahora en mi pujante “adultez”, me veo a mi misma sentada desafiante en la ventana del cuarto de Florencia con una pierna colgando hacía la calle, escuchando Rock en su cuarto pintado de ciudad. Frente a su edificio vivía Fernando, que siempre tenía el departamento vacío porque sus mamá nunca estaba (de ahí mi infundada declaración de que era estrella porno) con lo cuál los chicos se juntaban a espiar desde el balcón de su cuarto a las hermanas de Valeria cuando se cambiaban, a nosotros nos causaba mucha gracia, ellas eran más grandes y formaban parte de la otra camada de los 90’s, una algo más acomodada y menos callejera que la nuestra, aunque Valeria por un tiempo también estuvo con nosotros.
Recuerdo también una fiesta en la casa de Fernando, una fiesta que nos llevó semanas planear, nosotras no sabíamos que ponernos, signo de que la adolescencia y las hormonas estaban comenzando a querer salir, ya no éramos tan inocentes.
No recuerdo como todo terminó, sé que todavía aún los únicos que seguimos viviendo en el barrio somos yo, Juan Pablo y Francisco, a los que muy de vez en cuando veo pasar por la calle, y siempre que puedo saludo con alegría.
Quizás mi cerebro bloqueó todo aquello por que fue el fin de muchas cosas, habíamos tenido una magia y una suerte que no todo ser humano tiene en esta vida. Nos habíamos visto a nosotros mismos especiales, y habíamos dejado de ser prejuiciosos para con los demás. El mundo más tarde se encargaría de devolvernos la cachetada que tan fuerte y descaradamente le habíamos dado.
No recuerdo con exactitud cuándo, pero para 1996 la barrita ya estaba disuelta, yo terminaba la descorazonada Primaria y comenzaría lo que sería el lugar donde “los verdaderos amigos se forjan”. Lo único que puedo decir al respecto es que daría todo por una hora con los Spander’s originales.
Por supuesto nos volvimos a cruzar, hasta compartimos un domingo en la casa nueva de Florencia allá por el final de 1996.
Habíamos sido demasiado atrevidos como parar querer durar. Lo que habíamos creado en esa Plaza era demasiado puro y mágico como para perdurar en la realidad, y nos tuvimos que conformar con hacerlo perdurar en las memorias.
Como me han dicho por ahí “quizás esas personas eran para ese momento y nada más” y creo que así fue. Hay gentes que la vida nos regala por determinado tiempo, y esta en nosotros poder hacer que ese momento dure para siempre. No sé si alguna vez voy a poder sentirme tan partícipe de algo como cuando tenía 12 años. Sin duda en cada canción y en cada recuerdo las bicicletas y patinetas, Gala y los primeros CD’s, el primer beso que no se dio, las camisas a cuadritos y las remeras rayadas hacen un cóctel de sonidos y sensaciones que sólo pueden percibirse con los ojos cerrados y una sonrisa en la cara.
Cada cuál siguió su camino, a algunos se nos hizo más fácil o difícil que a otros, pero sin importar donde cada uno este ahora, siempre vamos a tener ese lugar a donde volver, la Plaza siempre va a estar esperando.
Es extraño.
Nunca más tuvo la Plaza Libertad otra barrita. Nunca más se juntó la juventud en sus bancos y árboles a vivir a flor de piel los días. Tal vez la respuesta de nuestra separación también esté allí, tal vez el Sistema, que todo lo come, también extendió sus miles de lenguas, envidioso de nuestra felicidad y devorándolo todo, nos llevó con él. Pero no me quita el sueño.
Los recuerdos son más fuertes cuando tienen sabor a lucha., olor a pasto verde y un fuerte sol de verano.

